Una noche más ella saciaba su sed de sentir en alguna mesa de algún bar.
Desde la otra punta del salón ella la miraba, sin parar, fijo, pero triste. No tenía los ojos bien definidos, no tenía nada bien definido, sólo era una nena…
Parecía saber de la tristeza solamente y no dejaba de observarla, pero desde adentro.
Afuera, la noche había ganado ya, alguien tocaba un tambor solitario. Adentro, la nena se perdía entre manchas verdes, amarillas, verdes más claros, más obscuros, pinceladas naranjas, rojas, azules. Ella se perdía de nuevo. Un abismo de ojos negros le provocaba escalofríos, pero simplemente no podía correr la vista, caía como hipnotizada ante esa profundidad…
Una sombra ó una suerte de mano semi-imaginada con un dejo de realidad, violeta o verde agarraba su cuello también imaginario. Esa mano era suya, propia, como queriendo hablar o decir, soltar o gritar, algo que le anudaba hasta el estómago. La nena tenía miedo, mucho miedo y ella podía entenderla…
- alguien pasa caminando por el medio -
Pero las miradas no se cortan.
Ella había venido a salvarla esa noche? O sería ella quien la salvaría en realidad? Tal vez dos puntos casi astronómicos que se juntaban en esa milésima tan solo para mirarse y poder decir “si, acá estoy”, “si, acá estoy”.
“Si tan sólo pudiera sacar esa espina de aire que la atraganta, que la mantiene parada, viva. Seguro se caería hasta romperse en pedazos, miles. Un montón de colores sin sentido ni forma de nena con mirada triste y manos imaginarias de sombras violetas….o verdes…” pensaba ella.
Y lloraba mientras la miraba ahí, mientras escribía, mientras la describía como dibujando con un dedo ciego el contorno de su cara. Porque la obligaba a conocerla en detalle, a saberla. La odiaba por eso, pero no podía dejar de amarla por lo mismo.
Querer sacarla de ese marco apenas torcido hacia la izquierda (de adentro suyo) era inevitable para ella, querer cuidarla era inevitable.
Y lloraba mientras la veía ahí, estática, helada, latiendo, sostenida por ese algo que habitaba en su adentro y la mantenía así, viva, casi queriendo empezar a bailar alguna melodía de alguna cantante francesa, buscando en las palabras solo sonidos hermosos que acompañan la música…
Porque no sabía de palabras, solo de abismos, de tristeza y de colores…
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1 comentario:
Me encanta que hayas vuelto, porque me encanta como escribis...estoy esperando ansiosa tu proximo post...besos y bienvenida...
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