Un primer nivel estático, y por debajo una manta como telaraña desplegada abarcándolo todo, moviéndose a un ritmo casi acuático pero sin sonido más que el de millones de hojas acá y allá, golpeando ramas, ramas golpeando hojas, ramas ente sí, hojas entre sí. Cada tanto una puerta o ventana azotándose furiosa con un tono de indignación contra la jaula de madera.
Jugar a las escondidas como cuando niña. Siempre elegía el cielo y una nube pero nunca llegaba. El humo elige mimetizarse con el fluir de la capa inferior en grises claros, me ilumina la cara en cada bocanada. Humo gris, soy yo desde mi cama o entraron a rozarme?
Alguien quema hojas secas al costado de la vía, del otro lado del paredón, puedo olerlo…es, casi dulce…
Supongo que ella también elegiría el cielo y una nube como escondite perfecto.
Jugar a las escondidas y de a ratos asoma un ojo para ver si sigo esperándola. Sí, sigo.
Sufro insomnio y ella también…tal vez pueda prestarle mi escondite de papel que se consume en cada suspiro.
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